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Reflexión Corpus Christi 2012

 

 

Si Dios baja, hasta la mesa del altar, es para que nosotros luego descendamos -junot con Él y por Él- a los innumerables altares del mundo donde se sacrifican ilusiones y esperanzas, sueños e inquietudes.

El Cuerpo y la Sangre del Señor, no pueden quedarse en la invisibilidad de las cosas y de los acontecimientos. Sus amigos (y esos amigos somos nosotros) tendremos que dar el “cuerpo” y ofrecer la “sangre” a un evangelio que siendo conocido por muchos no es vivido por tantos como pensamos ni creemos. Tampoco, en toda su perfección, por nosotros mismos.

 

Evangelio según san Marcos 14-12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

- «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»

Él envió a dos discípulos, diciéndoles: - «ld a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

«Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos

Reflexión

Cada vez que celebramos la Santa Misa participamos del mismo sacrificio y recibimos Su Cuerpo y Su Sangre. Jesús es la verdadera víctima pascual que hace posible la unión entre Dios y los hombres.  Proclamamos “¡Este es el Sacramento (misterio) de nuestra fe!” porque solo por la fe conocemos esta verdad. 
La Santa Misa es la mayor expresión de nuestra fe. Debemos celebrarla con todo el corazón, preparándonos antes de comenzar, escuchando y participando plenamente en las oraciones y cantos.

 

ERES PAN DE VIDA, JESÚS.

Que nos hace fuertes,

cuando nos encontramos débiles;

Que nos levanta,

si caemos por el camino de la vida;

Que nos llena de Dios,

cuando el mundo quiere alejarnos de Él.

 

ERES PAN DE VIDA, JESÚS.

Y manjar, que alegra el corazón;

Y pan, que sacia nuestra hambre;

Y sangre, que purifica nuestros pecados;

Y carne, que perdona nuestras culpas.

 

ERES PAN DE VIDA, JESÚS.

Que nos lleva al encuentro de Dios;

Que nos hace gustar la delicia del cielo;

Que nos hace brindar en el amor;

Que nos lleva al encuentro con el hermano necesitado.

 

ERES PAN DE VIDA, JESÚS.

No nos faltes nunca Tú, por favor,

Porque sin ti no tendríamos vida;

No nos falten nunca tus sacerdotes, por favor,

Porque sin ellos nos faltarías Tú.

 

Amén.

 

 
 
 
 
 

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